La experiencia "in situ" aplicado al mundo virtual se podría considerar la expresión máxima de la desaparición de la frontera realidad-virtualidad. Vivir y ser testigo de como se proyecta el relato de un libro, mientras se pasea por la localización real de la narración, ofrece una dimensión más activa y sensible de la literatura o la cultura en general. Desconcierta e intriga la idea de poder interactuar con otro mundo distinto al "nuestro", mejor dicho, al conocido.
Si un piensa en estas posibilidades, vienen a mente varias películas: los sustitutos, matrix o avatar. ¿Hasta qué punto podremos vivir dentro de una virtualidad o al revés, lo virtual interactuar en la realidad?
Aquí un vídeo de cómo se crea un personaje o un escenario, de características muy realistas, virtuales.
Interesante artículo (y vídeo). Me hace pensar si en un futuro se podrá incluso acceder a la mente de las personas y sus ideas, como en esa película de Jennifer López llamada La Celda. La próxima generación de realidad virtual, el hecho de poder pasearte por escenarios creados, resulta fascinante. Poco a poco avanzamos hacia un mundo donde los conceptos, los datos, los pensamientos... nos damos cuenta de que son como nubes, y ahora podemos acceder a ellos.
Si, pero no debéis olvidar nunca que el lugar, el espacio, el escenario, al final es lo de menos. Lo mejor de todo son las experiencias que vivimos cuando salimos de nuestro entorno, la gente que conocemos, las cosas que nos suceden, lo que cambia en nuestra mente y se refleja cuando volvemos.
Interesante artículo (y vídeo). Me hace pensar si en un futuro se podrá incluso acceder a la mente de las personas y sus ideas, como en esa película de Jennifer López llamada La Celda. La próxima generación de realidad virtual, el hecho de poder pasearte por escenarios creados, resulta fascinante. Poco a poco avanzamos hacia un mundo donde los conceptos, los datos, los pensamientos... nos damos cuenta de que son como nubes, y ahora podemos acceder a ellos.
ResponderEliminarSi, pero no debéis olvidar nunca que el lugar, el espacio, el escenario, al final es lo de menos. Lo mejor de todo son las experiencias que vivimos cuando salimos de nuestro entorno, la gente que conocemos, las cosas que nos suceden, lo que cambia en nuestra mente y se refleja cuando volvemos.
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